Saturday, August 27, 2016


¿QUIÉN NO HA DESEADO CRUZAR UN PUENTE?

(escrito en diciembre de 2004.
Material utilizado en 2007 para el proyecto "CUESTA"
intervención callejera en el puente de Ciudad de la Paz al 100
presentado para el VII Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires) (1)

                                                                   
ANTES DEL RELATO, CLIC EN LA ANIMACIÓN:


Querrán palpar con sus propios ojos el extraño sitio del barrio de Belgrano en el que sucediera lo que estoy por contar. Verificar in situ la existencia de esos objetos. ¿Cómo culparlos?. Aguijoneado por la certeza de que para cada quien que llegue al final de este relato pasar por allí será un volver a pasar, estoy tentado de pedirles que al ir lo hagan de noche. La encrucijada en la que se evapora la calle Ciudad de la Paz, y con ella todo el barrio de Belgrano, no es la misma a la hora negra y azul. Y sé que para los espíritus despiertos, que a ellos les hablo, volver a pasar por lo mismo es vérselas con la grieta que se abre siempre en lo idéntico.
Por esos agujeros del cada vez lo mismo, se abisma lo nuevo. Y con ello el vértigo de lo incierto.
Las puertas agudas de lo por venir.

                                                    

Salí de Palermo en la búsqueda acostumbrada de restos que otros dejan en la calle por no hallarle valor de uso ni, menos que menos, de cambio. Fierros, maderas, formas raras de materiales inespecíficos, y así. Esos restos que en manos de otros nunca se sabe en qué podrán transformarse. Palermo se hizo Colegiales. Colegiales, Belgrano. Para entonces decidí el regreso con las manos vacías. Doblé por Ciudad de la Paz desandando camino. Quien haya pasado por allí sabe del puente que cruza por arriba de la vía del tren para desembocar en Dorrego, ahí mismo donde las calles cambian de nombre y nace Soler y con ella Palermo Viejo, ahora extrañamente llamado Hollywood por algún imbécil. Caminaba por la vereda derecha. El dato parece irrelevante, pero no lo es: es que la vereda derecha de Ciudad de la Paz no tiene destino. Quiero decir que se va angostando hasta desaparecer apretada contra la hilera de casas y el muro del puente que sube.



Precisamente en ese punto de fuga en que la vereda se borronea a la vista, me topé con un espectáculo inesperado: un enorme carrete improvisado como mesa, sobre ella restos de vela y una escultura de una cabeza. Al lado un montículo de basura y una silla desvencijada. Mientras me acercaba no supe si sería capaz de desarmar el montaje. Esos no eran restos arrojados a la calle sin valor de uso. No desde que estaban engarzados en una naturaleza muerta: el trabajo humano recordando la línea que nos separa de la inocencia cruda del mundo. Plusvalía pura.

No llegué. Treinta metros antes me topé con el ventanal de un pequeño restaurante rozándome el hombro. Vi sus mesitas irregulares, su decisión pop y un nombre irresistible: “Sifones y dragones”. Me di cuenta de que tenía hambre y un instante después lo olvidé. Es que sobre una de las paredes del restaurante había un cartel colgado que decía “¿quién no ha deseado cruzar un puente?”. Y retomé el camino, abandoné el montaje y crucé de vereda: en el puente el paso para peatones está sobre la izquierda. No sabía lo que iba a encontrar antes de llegar a él.


                                              
    * * * * *

(Quiero decir, por si acaso se arriesgan hasta allí, que después de cruzar el puente, yendo en la dirección que describo, hay un túnel de no más de cuatro metros de largo que perfora la base de la estructura, uniendo ambas veras. Algunos lo llaman “boca de lobo”. Allí en la penumbra y un rato después habría de encontrar a un hombre rodeado por unas pilas de libros y trastos viejos).


                                                        * * * * *

Crucé. Al ganar la izquierda en vez de encontrarme con otra vereda sin destino divisé la escalera para subir al puente. Sin embargo, extraña coincidencia en la que recién ahora reparo, otra vez algo me detuvo antes de llegar a ella. Bordeando el muro de la base del puente rumbo al primer escalón, vi una puerta blanca cerrada. Quien de ustedes vaya hasta ese sitio comprobará que no parece una puerta de calle sino más bien de interiores. Sin embargo tiene una cerradura tipo trábex. Lo extraño es que uno no imagina detrás de ese muro un espacio habitable sino los cimientos del puente. Sin embargo un pequeño cartel blanco, con letras negras, anuncia: “Restaurante invisible”. Y aún más, otro cartel blanco informa el menú con letras similares:    

                             Entrada
Mouse de aire de librería
Sopa de perlas y jabalí
Papas snack con riff de kiss
Caracoles en Salsa Spleen

                            Entremeces
Punk canapé de salame con dulce de leche
Granité de césped escocés y beso con rouge rojo

                             Platos
Pez blanco con salsa de neón rojo
Pato silvestre con nísperos y humo de pipa
Confit de cardos y ranas con sal de circo
Cabellos de ángel con espuma de ruido 

                             Postres
Helado de agua bendita y acero
Bananas con bronce trompeta y prusiana pana azul
Tradicionales diamantes en almíbar jorge de la vega
Guante de box recién peleado con frutillas y chanel nro 5

Café con syrup de telo
Bombones de chocolate blanco y perfume de juguete nuevo
Licor de fox trox

                                                                 * * * * *






Golpeé la puerta. Nadie abrió. Eso que sentía ya no era hambre, era deseo de pato silvestre con nísperos y humo de pipa. Esperé un rato. Volví a intentar. Nadie respondió. Entonces me di por vencido. Subí el puente, lo crucé, empecé a descender. Divisé a cincuenta metros Dorrego y la continuidad de los barrios. No deseaba otra cosa que ese menú. Al bajar el último escalón, como una sombra fantasmal percibí a mi derecha la boca del túnel que pasa bajo el puente y une ambas veras. Allí estaba el hombre. Me dijo: “¿probó el helado de agua bendita y acero?”. Cortó la hoja de un libro y me la extendió al modo de un repartidor de volantes. En la penumbra observé que en el margen había algo manuscrito. Le pregunté si él era el dueño del restaurante. 

- ¿Cuál? 

- El que sirve pato silvestre con nísperos y humo de pipa 

No respondió. 

Leí en la penumbra, era una página de “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política” de Marx: “El capitalismo parte del supuesto de que la cantidad de tiempo de trabajo es el factor decisivo en la producción de riquezas. A medida de que la industria progrese, la creación de riquezas se volverá cada vez menos dependiente del tiempo de trabajo obrero y cada vez más dependiente de la ciencia aplicada a la producción”.

- Je, lea el agregado de mi puño y letra.



Leí: “¡¡Escrito en el siglo XIX!!. La lógica del sistema es inexorable”. Me dijo:

- Ésa era mi letra de hace quince años. Ya no me sale esa letrita grandilocuente de escribir palabras llenas: “política”, “agremiación”. Hace rato que están desnudas, ¿no es cierto?. Y ahora todos sabemos que no tenían nada adentro.

- Un gallo desplumado. Puede ser la suerte de cualquier palabra

Se enfureció: "¡y sin embargo militamos por ellas!"

- ¿Qué no hacemos por ellas?.- también podría haber hecho un comentario sobre la humedad, no podía pensar en otra cosa que en el pato, acaso por eso se me ocurrió lo del gallo

- Bueno, lleve que estoy ocupado.

Vi que la furia se le había evaporado entonces quise preguntarle, pero continuó:

- Imaginando fuentes de trabajo...

Hubo un silencio. Segundos interminables. Me miró impaciente (recién ahora lo noto). Al fin me decidí:

- ¿Cómo es el confit de cardos y ranas con sal de circo?

Respondió:

- E imaginando fuentes, imagino socios. El sistema tiene agujeros, y por esos agujeros arrojo los dados de mi apuesta, día tras día. Un día, otro día, otro día. Siempre igual. Allí está la diferencia.

Me llamó la atención: a pesar de su aspecto andrajoso había utilizado la “e”, precisamente para evitar la cacofonía con la “i” de imaginando.

                           
                                                                                                                         Guillermo Cabado
(diciembre de 2004)



 (1) El proyecto de intervención callejera fue diseñado junto con Cintia Miraglia y Pablo Estévez. Música de "La Todo Mal Orquesta"

Poco tiempo después de este proyecto la mencionada "boca de lobo" fue reemplazada por una desangelada oficina de un CPG. 
Aún así todo ese sitio mantiene su vieja atmósfera cuando se hace noche.


Wednesday, August 17, 2016

1 - Nozarashi


En breve "Nozarashi (intemperie)" se hará libro. Y eso es feliz.

NOZARASHI

(INTEMPERIE)


* 1 *




Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos).


CAPÍTULO 1

Hace dos meses que mi novia se mandó a mudar. No le alcanzó con hacerme saber que yo era la causa de su insatisfacción. En los últimos renglones de su carta había enganchado a doble resorte un aguijón negro como la tinta
:

"...ah... no vas a encontrar a Roberto. Para cuando leas esta nota ya lo habré devuelto a donde pertenece. En compensación te dejo estas pinturas de Hiroshige. Si vas a acopiar naturaleza, mejor que sea con un pincel y no con esta inmunda pecera a la que Roberto no va a volver jamás".

¿Quién puede escribir la palabra acopiar en una carta dictada por el veneno y su marea?. Una loca.

Pero tengo la ventaja de haber conocido su locura. No fue difícil deducir en qué aguas liberó a Roberto, por eso hoy ya es la quinta vez que bordeo sin apuro los riachos del jardín japonés. 
Lo bueno es que podré venir todos los días. Acaba de empezar mi largo verano en Buenos Aires. 











(Para leer el capítulo 2: clic aquí)
.
Guillermo Cabado







Tuesday, August 16, 2016

2 - Nozarashi


Para leer el primer capítulo,
clic aquí


NOZARASHI
(INTEMPERIE)

* 2 *


Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos).


CAPÍTULO 2

Harto de bordear las aguas del jardín japonés me había sentado en la piedra sobre las pinturas de Hiroshige que ella me dejó. No es cómodo, pero en los momentos de ira siento que lo peor de mí le está apuntando a su sien y eso me alivia. Fue entonces que vi el brillo en el agua. Me esperancé. ("¡¿Roberto?!...)
Pero fue apenas un segundo. 
Después otra vez el agua lisa e intraducible. 

hi/no/hikari 
kesa/ya/iwashino
 
kashita/yori


Hace tiempo leí este haiku en un libro del argentino Alberto Silva (impensable nombre para quien quiera que hable japonés). Contaba ahí mismo sobre las dificultades con las que luchó al traducir: "la lengua japonesa tiene características extremas, que en el caso del haiku se agudizan". S
é que me distraigo de esta ira de estar sin Roberto. A pesar de los peces y peces que hay en este lago, su mancha inconfundible entre los ojos me da chances. Y yo soy imbatible nadando contracorriente.

Toda la luz del día 
brilla en la trompa 
de las sardinas

Recuerdo una anécdota de Lacan veinteañero, que cierta vez le conté a ella en medio de una discusión: "¿ves esa lata que flota en el agua?... Pues bien...¡ella a vos no te ve!". Es una costumbre odiosa que tengo: cuando las papas queman cito a Freud o a Lacan. Los pongo por delante y ausento el cuerpo. El año pasado empecé a atender consultorio. Mi supervisor ya me ha hecho notar que eso mismo es lo que hago con mis pacientes. Por eso es que ni bien me lo marcó, fui y se lo conté a mi novia: "... ¿ves que no es personal?"



El agua no volvió a romperse y la batalla del día ya está perdida. Pero es que por un momento me pareció el modo exacto con que mi pez solía aparecerse entre las algas de la pecera. Pero también, no lo voy a negar, el modo en que ella se aparecía: así, como de la nada.










(Para leer el capítulo 3: clic aquí)

Guillermo Cabado



Los pasajes citados pertenecen a "El libro del haiku" del argentino residente en Japón, Alberto Silva.

El haiku transcripto pertenece al poeta Boshô.

En el video se trata del estudio fotográfico del artista Hiroshi Sugimoto. En el mismo se aclara que "las fotografías de Sugimoto fueron tomadas con una cámara de gran porte. Su excepcional resolución no pudo ser conservada por esta presentación".


Monday, August 15, 2016

3 - Nozarashi


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1 - 2 

NOZARASHI 
(INTEMPERIE)

* capítulo 3 *



Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos)


CAPÍTULO 3

A veces me doy vergüenza. La señora me mira levantar el trasero del libro de Hiroshige que apretaba contra la piedra. Me quedo de pie para que vea que no me importa: ella me ojea, yo hojeo el libro. ¿Y esto?... 

¿Y esto?... 

Debo haber pasado estas páginas decenas de veces y recién ahora lo veo. En la ciento treinta y seis.

Sobre el margen del grabado, "El río Ayasegawa y Kanega fuchi", hay pegada una tira con una oración recortada de algún otro libro:

"lo que la pintura allí demuestra de su matrimonio con la letra".

Ce me había dejado un mensaje, ¡y yo tardé dos meses en verlo!.

Ahora mismo mi congoja es celeste y es roja. ¡Dos meses!. Ahora mismo debo verme como aquella Takako en el final de "Escenas frente al mar" cuando a la orilla sólo regresa la tabla de surf, sin Shigeru. Y la cámara de Kitano no te deja ver más que los ojos silenciosos de ella y sus orejas notables. Y en ese instante uno no encuentra qué mirar para hacerle una pregunta a todo lo que se termina. 













(Para leer el capítulo 4, clic aquí)

Guillermo Cabado



La foto de apertura es del mismo artista contemporáneo con que cierra el capítulo anterior:
Hiroshi Sugimoto
,
la curiosidad aquí es que la misma fue utilizada por U2 para su álbum "No line on the horizon""


Hiroshige, es uno de los referentes de la pintura 浮世絵
o ukiyo-e,
pintura que intenta atrapar lo efímero del instante y que,
los que me acompañaron con "Cerezos en Flor" de Dorrie,
recordarán en otro de sus exponentes: Hokusai.


La película citada de Takeshi Kitano es la tercera de su filmografía, de 1991, ¡y es verdaderamente celeste!. Se la puede ver on line aquí: CLIC.



Sunday, August 14, 2016

4 - Nozarashi


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1 - 2 - 3 

NOZARASHI 
(INTEMPERIE)

* capítulo 4 *




Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte,
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos)


CAPÍTULO 4

¿Pero si esto fuese una pista y no sólo una revancha incomprensible?.

Veamos: 

el libro comenta la pintura de Hiroshige y habla de un episodio sucedido en ese tramo del río (la campana de un monasterio del siglo diecisiete hundida en las aguas del Ayase). Ahora mismo lo rojo que es celeste no me deja pensar. 



Y qué querés que mire, Ce. Qué querés que piense. La señora se fue. No me quiero sentar con el absurdo recuerdo de 
"Escenas frente al mar" aquí, a cuestas. Esa película de Kitano era celeste. Tengo las piernas furiosas y no se quieren sentar. Kitano era mi gusto. Para Ce en esa época no había más que novelas de Kawabata y... 
Es claro. 

Por supuesto, es claro: 
"Lo bello y lo triste". 
Sí. ¡¿Es eso, loca querida?!, ¿volviste con Kawabata?...

La historia empezaba en Kioto.
Él viajando a Kioto.
Él yendo a buscarla a ella.
Él era escritor.
Ella pintora.
Él yendo a escuchar las campanas que hacen sonar en los monasterios los treinta y uno de diciembre, en Kioto.

¿Es eso?. Te estoy preguntando. 








(Para leer el capítulo 5, clic aquí)

Guillermo Cabado

La novela, queda dicho, es una de las tantas editadas en Argentina de Yasunari Kawabata, ganador en 1968 del premio Nobel, y al que Lacan hiciera alusión en su "Aviso al lector japonés" del 27/1/71.

La película de Takeshi Kitano  ya fue citada en el capítulo anterior.
Las imágenes corresponden en primer término a otro film de Kitano, filmado dos años después que la recién mencionada: "Sonatine"; y en segundo término a la portada de otro libro de Kawabata: "Kioto".


Saturday, August 13, 2016

5- Nozarashi

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NOZARASHI 
(INTEMPERIE)

* capítulo 5 *


Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos)


(RESUMEN DE LO ANTERIOR: 
el protagonista acaba de conjeturar que la frase recortada y pegada en el libro del pintor Hiroshige, libro que su ex novia le dejara cuando lo abandonó mientras se llevaba a su pez, 
debe ser una pista que ella le ha dejado a la espera de que la descifre.

Esa conjetura lo llevó a ligar la campana de la pintura de Hiroshige con una novela de Kawabata que ella supo amar)


CAPÍTULO 5

Ya de regreso del jardín repaso las páginas de "Lo bello y lo triste"

Tenso las sienes hasta agotar cada marca antigua del lápiz de ella

Pero la frase pegada junto a la pintura de Hiroshige no fue recortada de aquí.

Y nada termina por decirme nada. 

Un libro inútil. 

no puedo dejar de mirar lo que mira Kawabata: 

Otoko saltó a la galería y con su pie desnudo le dio un puntapié a la jaula de luciérnagas, que rodó hasta el jardín. 

Todas las luciérnagas parecieron encenderse al mismo tiempo. 

La jaula derramó una claridad verde-lechosa sobre el manchón de musgo en el que había caído. 

El cielo se estaba cubriendo y una ligera bruma vespertina comenzaba a flotar sobre el jardín. 
...

¡Pero sí!: se trata de una campana.

¡Claro que se trata de una campana!.

Y la tuve delante de mis narices en el jardín japonés. A metros de la biblioteca hay una como ésas que hacen tañir los monjes de Kyoto en el inicio de la novela. No debería haberme ido de allí, ¿qué hora es?, a las 19 viene mi paciente, mi único paciente de los martes. No está bien volver al jardín, con un taxi estoy en cinco minutos, con otro para volver me gastaré la mitad de lo que voy a cobrar. El cuerpo se me sale del cuerpo si espero hasta mañana. 













(Para leer el capítulo 6 clic aquí)

Guillermo Cabado

El video alude al joya no kane, un rito del budismo japonés que se efectúa en el momento del pasaje del año viejo al año nuevo, dando 108 campanadas (número sagrado en el budismo). Cada una de ellas hace que quienes la escuchen eliminen de su corazón los ciento ocho defectos humanos (entre ellos la ira y la posesión). También se asocia con la remoción de las "cuatro y ocho formas de sufrimiento".

La foto pertenece a la película "Primavera tardía" filmada en 1949 por Yasujiro Ozu.

La novela, como ya dijéramos en el capítulo anterior, es de Yasunari Kawabata, autor referido por Lacan en su "Discurso de Tokyo" de 1971.



Friday, August 12, 2016

6- Nozarashi

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NOZARASHI
(INTEMPERIE)

* capítulo 6*




Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos)


(RESUMEN DE LO ANTERIOR: 
Se trata de entender qué quiso decirle Ce con esa frase enigmática pegada en el libro de Hiroshige.
Se trata de encontrar al pez que ella se llevó al abandonarlo.
Ya que ella le impuso este juego, él está dispuesto a ganarlo.
¿Qué es lo que está queriendo decirle?,
La pista, sin dudas, es la campana,
por ahí se encuentra el siguiente eslabón.
Y sí, de repente se acaba de dar cuenta de que la pista 
estaba delante de sus narices:
retorna urgente al jardín japonés)


CAPÍTULO 5

Hoy a las diez en punto entré al jardín

subí la lomada, 
crucé el puente que atraviesa el agua,

por primera vez sin detenerme,



Once horas después sigo sin entender qué sucedió
a las diez y cuarto de la mañana
en el campanario del jardín.


Estas fotos que miro eran mi apuesta a un hallazgo, alguno. Un modo de salir de la angustia de anoche y del enigma de ella.





Disparar la cámara y ver después lo que no viera in situ.
Pero no puedo concentrarme:
"¿hoy no trajo el libro?"
, me dijo el tipo y eran las diez y cuarto.
No sé por qué, pero miré el reloj.

Hacía un calor de órdago y como emergiendo de la nada primero fue su voz
y después su cara,
sentado en la escalinata lateral del campanario.
Dejé el asunto de las fotos.

Le pregunté quién era pero respondió: "¿usted está interesado en...el amigo?".

¿Qué amigo?, yo no estoy interesado en nada, creo que dije. "¿Qué me estás?, ¿siguiendo?".


Me miró largo. 

Después respondió: "no lo sigo. Estoy a cargo del proyecto y lo veo volver con insistencia por acá... Entonces: ¿no?". Apoyó la pregunta con un gesto vago hacia la campana.

Nos medimos unos segundos. Vi que él empezaba a dudar, así que le cerré el flanco: "ni sé de qué hablás", y retomé las fotos antes de que fuera tarde. Permaneció un momento más y para cuando empezó a irse creí darme cuenta de algo: "esperá...¿a vos te manda Celina?".



Giró sobre sus talones y su mirada me hizo entrever que las cosas iban para peor.











(Para leer el capítulo 7, clic aquí)

Guillermo Cabado












Las fotos de la campana están tomadas en el jardín japonés de Buenos Aires.

La primer obra es de Aya Takano
(que sea de ella, se verá más adelante, no es ingenuo para esta historia de "Nozarashi")



La última imagen es una mirada sugerente de una obra de Makoto Aida
(obtenida en http://www.ramopics.com).

Thursday, August 11, 2016

7 - Nozarashi

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 1  2 - 3 - 4 5 

NOZARASHI
(INTEMPERIE)

* capítulo 7 *


Un juego de verano
en el jardín japonés.

(a Ricardo Rodríguez Ponte, 
de cuyo apasionado trabajo 
hallarán esquirlas desperdigadas 
a lo largo de estos breves capítulos)

(RESUMEN DE LO ANTERIOR: 
mientras él intentaba sacar fotos en el campanario
 con una apuesta propia de "Las babas del diablo" y "Blow up"
(lo que en ese momento no advirtiese
acaso luego se revelase con la edición de las fotos, 
algún detalle que le indique qué le quiso decir Celina
remitiéndolo a una campana), 
un hombre lo aborda de un modo extraño:
"¿usted está interesado en...el amigo?".)

Capítulo 7

Aún ahora sigo pensando en su respuesta y no me parece que me haya mentido cuando se encogió de hombros e insistió con no sé qué proyecto: "le hago otra vez la pregunta, pero distinto: ¿...Tanaka?".

"No. No sé de qué me hablás, creeme". Y me creyó y yo a él y no me animé a seguirlo mientras se alejaba. N
ecesito concentrarme en las fotos. Y en la campana, en ella hay una inscripción que habla de la paz.

Y no me lleva a ninguna parte. 

No entiendo, estoy cansado y no encuentro por dónde, Celina. 

¿Tanaka no era el de "Hiroshima mon amour"?... 



Googleo, y no: Eiji Okada. Me acuerdo que ella (...¿tenía nombre la francesita?) le preguntaba "¿sos completamente japonés?". El tipo de hoy a la mañana no tenía ni gota de Japón en la sangre. Bueno, ¿cuántos la tienen en el jardín japonés?. Quiero decir que no era de ahí. No, no sé. Quizás sí; el jardín puede tener un proyecto.

No estoy bien.

Me dije que no la iba a nombrar más.

Celina.

Me asusta haber empezado a extrañarla. Es porque dormí mal. 
"Lo que la pintura allí demuestra de su matrimonio con la letra". Si ella se hubiera querido ir y ya, no me hubiera pegado esa frase en el cuadro. Me resulta familiar pero desde ayer que no se me ocurre de dónde. Supongamos que la haya sacado de alguno de mis libros. No puedo parar. La biblioteca es un caos pero no puedo parar.


Y sí. No tardo en dar con él. Aquí está. A golpes de tijera, un prolijo agujero en el medio de unas impresiones que yo anillara hace tiempo.

Había más daños materiales en mi casa. Celina.












(Para leer el capítulo 8 dando clic aquí)

Guillermo Cabado












La película citada, "Hiroshima mon amour" fue filmada por Alain Resnais, con guión de Margueritte Duras
y hace buen maridaje con la reunión del 20/12/61 del seminario IX de Lacan,
dos años después de su estreno,
aunque allí no se refiera al film
(cosa que sí hará el 3/7/63 en su seminario siguiente y al pasar: 

"cualquier alemán irremplazable puede encontrar sustituto inmediato y perfectamente válido en el primer japonés encontrado a la vuelta de la esquina").

La primera imagen pertenece a un artista que se repite aquí: Makoto Aida.

Las otras dos imágenes pertenecen a sendas instalaciones de la artista chino-argentina Aili Chen
  "Dos sombras" y "Habitación 118" (ésta última inspirada en "Hiroshima mon amour", fue premiada en ARTEBA 2013)