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Friday, September 04, 2015

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DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK

(¿HAY CINE o TEATRO PARA NIÑOS?)



Serie en 9 entregas, desarrollada originalmente entre agosto y octubre de 2005
Al calor de la experiencia de haber escrito y puesto en escena "Dedos en el espejo"
Todas estas reflexiones son deudoras del intercambio con aquel bello grupo de actores que me acompañaron en la búsqueda de una poética que no fuera "para chicos" pero los incluyera. 
Pero también deudora de los pacientes niños que han llegado a mi consultorio.

*** Nro. cero de la serie ***

"No es una película para chicos (...)
Quizás les parezca visualmente divertida
pero es una historia para adultos;
o son ellos los que entenderán mejor toda la historia"

(crítica de "Chandler" sobre "Charlie y la fábrica de chocolate"
en cinesargentinos.com.ar: www.cinesargentinos.com.ar)


Desde hace 15 días la última película de Tim Burton, "Charlie y la fábrica de chocolate" (1) , está en cartel. Verla ha sido reactivar una inquietud que me ocupa tanto cuando escucho relatos en el consultorio como cuando intento montar un espectáculo teatral: ¿no será "la infancia" un puro invento de los adultos?.

La razón de estas líneas es hacer un pasamanos con esa inquietud, un "pasala y, acaso, que vuelva". Se trata de un pequeño recorrido reflexivo que les propongo, hecho de ocho correos electrónicos, uno por semana. Con ellos intentaré trazar un arco entre dos puntos: de Tim Burton a Alejandra Pizarnik, o de cómo el "para chicos" suele ser un preservativo de uso adulto.

Para fundar la serie, hoy envío lo que convendría pensar como "el cero de dicha serie". Acaso no sea casual que para ello apele a una anécdota personal:










Mi hijo a los 10 años mirando el Chavo a las 4 de la tarde en la tele. Flash informativo: "los padres del joven secuestrado recibieron un dedo de su hijo salvajemente cortado por los secuestradores". Estuve por cambiar de canal. A veces lo hago. Pero recordé entonces algo recientemente descubierto: en ocasiones me apresuro a suponer qué le puede pasar ante tal o cual vivencia; y en ello, claro, le yerro fiero. Por tanto no cambié de canal. Esperé, inquieto, a que él dijera algo. Y dijo. Preguntó si uno podría morirse cuando le cortan un dedo. 
Le expliqué, intentando limitarme a lo que me había consultado. Después calló. Resistí como pude a la tentación de interrogarlo (...¿qué estaría pensando en ese momento?). Y esperé. 

Pero no hubo más: a los dos minutos se estaba riendo otra vez con Chespirito.


Trazada esta marca sin moralejas conclusivas, intentaré en el próximo correo, en una semana, comenzar a articular ese arco que vaya de Burton a Pizarnik.

Guillermo Cabado

PARA LEER EL SIGUIENTE NÚMERO DE ESTA SERIE: http://cabado.blogspot.com.ar/2015/09/blog-post.html

(1) Me llevó al cine un doble interés:

a) lo que yo supongo una fuente de estímulo en común para muchos (una pena no tener el talento del gran Tim): las imágenes fabriles de "Tiempos modernos" de Chaplin, que en mi caso me disparara el año pasado la escritura de una obra sobre una fábrica de galletitas con el olor de la Terrabusi de los años 60' en la calle San José;

b) el hecho de que unos días antes de ver la película de Burton, viera en el BAC la versión filmada por los ingleses en 1971. Es curiosa la decisión de Tim Burton de darle al personaje encarnado antaño por Gene Wilder y ahora por Johnny Depp, algo que no tenía hasta ahora: un padre y con él una biografía "explicativa". Parece haber en ello tela para cortar.

Monday, August 31, 2015

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DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK

(¿HAY CINE o TEATRO PARA CHICOS?)
Serie en 9 entregas, desarrollada entre agosto y octubre de 2005,
contemporáneamente al conflicto gremial que mantuvo el personal del Hospital de Niños "Dr. Garrahan" en Buenos Aires. Por lo demás, el rey de corazones parece haberse borrado de la memoria de buena parte de sus súbditos,
aunque mantiene una senaduría por La Rioja.



Nro. uno de la serie


¿QUÉ ES UN NIÑO?

(¿y qué es un Garrahan?)



(equipo infantil de cricket de Twyford School, fotografiado por Lewis Carroll en el año 1859)



"... pero ya el hecho de nombrarlo

y de conjeturar su circunstancia

lo hace ficción del arte y no criatura viviente

de las que andan por la tierra"

("El otro tigre", Jorge L. Borges)



¿Es un adulto bajito?


Ríos de tinta en las últimas décadas. Luces echadas en diversos ángulos sobre la niñez. Una planta lumínica montada con antropólogos, pedagogos, sociólogos, psicólogos, médicos, filósofos y santos. Y poetas. Tal vez antes del siglo XVIII nadie hubiese podido cantar "niño, deja ya de joder con la pelota". Es que recién por entonces, acaso tras las primeras piedras arrojadas por Rousseau y su Emilio, la cultura occidental parió al "niño" como un sujeto diferente al adulto. Apenas tres siglos hace que existe la infancia entre nosotros. Lo cual no autoriza a concluir que antes los bebés naciesen con bigotes.


¿Es un tierno estado de la naturaleza humana?



Tal vez alcance el párrafo anterior para afirmar que "niño" no es más que una convención cultural. La niñez no es algo natural: bien podría existir el ser humano y no existir la infancia. Es que ser niño no es una cuestión biológica: medir entre tantos y tantos centímetros, tener dientes de leche, no haber cumplido más de x años. No se nace niño. Se nace, a secas. Y desde el minuto cero ya se ha sido niño para la Cultura y sus pre-textos.


"Quien sabe Alicia, este país..." (breve escala en Serú Girán)


En estos días bastaría escuchar la utilización que se hace del término "niño" en algunas argumentaciones sobre el conflicto del Hospital Garrahan para concluir que cuando se dice niño no se dice niño sino niño. Ya lo enseñaba cierto cuento (¿los cuentos que no enseñan son para chicos?): hubo una vez un rey de corazones que le dijo a su pueblo que iba a gobernar tanto para los niños como para los niños. Preocupado porque se le entendiese agregó, mientras jugaba al golf (que es como el cricket pero parecido): "tanto para los ricos con tristeza como para los pobres con hambre". Muchos de sus doble-votantes de entonces al ver, en pleno 2005, lo del Garrahan, se siguen preocupando por la niñez. Ternura. Pura.


* * * * *

Tarde o temprano siempre la palabra "niño" no alcanza para nombrar eso que uno pretende nombrar. Chin plun.

Continuará en la próxima entrega

Saturday, August 29, 2015

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DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK(¿HAY CINE o TEATRO PARA CHICOS?)

.Nro. dos de la serie


"¿QUÉ ES UN NIÑO?"
(o: "EL REFLEJO OSCURO DE LA LUNA")





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“En esta película que es la novela de Dahl,
la culpa es, como siempre, de los padres.
Padres monstruosos tienen hijos monstruosos”

(comentario sobre la película de Burton, "Charlie y la fábrica...",
de Gustavo Noriega en “El amante”)


.¿Es un reflejo de la madre que lo parió?

Entre los comentarios recibidos a vuelta de correo (gracias por ellos) se introdujo una palabra que con el permiso ya concedido por su emisor tomaré como eslabón para continuar. Dice el correo respecto de Charlie y la fábrica de chocolate: “en definitiva esos chicos son un reflejo... de sus padres” (por ejemplo: el alemancito voraz del afiche con que abrimos este comentario y sus “contagiosos” padres voraces).
Me permití intervenir esa frase con el subrayado de la palabra "reflejo" y la introducción de esos tres puntos suspensivos. En estos últimos cabe el gesto que suele seguir a la visión de un reflejo inesperado: voltear la cabeza en busca de su origen.
(jugemos con este fotograma de "La sociedad de los poetas muertos", en su escena clave y habitualmente desatendida:
yo estoy mirando esa vieja foto de alumnos, tras el vidrio... de repente mi visión es interferida por un reflejo inesperado: "¡¿quiénes son esos que están detrás de mí?!")

Sigamos entonces: si el niño es un reflejo de, el movimiento del cuello no es un mero asunto de músculos. El movimiento del cuello se vuelve la mismísima encarnación de la pregunta por la causa, por el origen de, por la fuente de; esa pregunta que merodea las escuelas, los consultorios y las alcobas a la hora en que los padres se angustian por ciertas conductas de los hijos: "¿qué es lo que hace que un niño sea el niño que es?".
En esa metáfora del reflejo un riesgo acecha: pensar al pibe como una especie de fotocopia, marioneta, o escultura parida por un amo y su mano. Idea que suele aparecer en frases como: "¡y qué querés!: con esa madre, ¿qué se puede esperar del hijo?...".


Dime qué padres tienes...

A pesar de la tentación del juego de las similitudes, los niños de la fábrica de Willy Wonka, como todos los niños, no son en sí mismos un reflejo. Apenas personas singulares que viven su vida, sin perjuicio de que sobre sus cuerpos en ocasiones se formen reflejos de sus padres.
Conviene no confundir el reflejo con su soporte ocasional. La clínica nos enseña que el hecho de que una niña hable "igual" que su madre no autoriza a creer que entre ellas haya alguna continuidad del ser ("de tal palo...").
De todos modos una pregunta se impone: ¿esos chicos son pasivos objetos reflectores o de algún modo "eligen" trabajar de espejo (acaso sea esta verdaderamente la profesión más antigua del mundo) (1)?.
No me haré el distraído: en todo este asunto un fantasma agita su sábana. Se trata de cierta teoría que algunas erradas lecturas hechas sobre los planteos freudianos contribuyeron a robustecer: "dime qué padres tienes y te diré por qué eres como eres". De allí a imaginar "Escuelas para Padres", apenas un paso... (pa’ prevenir, ¿vio?... ¡es que uno nunca sabe...!).


(Alicia Liddell, musa inspiradora para Charles Dodgson, más conocido por Lewis Carroll , fotografiada por él mismo)


“¡Suéltame, pasado!”
En cualquier caso, no se trata de negar una obviedad: todo sujeto recibe influencias de otros y, en general, especialmente de los padres. No da lo mismo la biografía. Pero que no dé lo mismo no la convierte en causa. No es el niño una escultura que va siendo moldeada por los episodios de su vida. Por más pequeño y dependiente que él sea, por más manipuladores o influyentes que los otros se tornen.
“¡Suéltame pasado!”, grita un adulto mientras toma de las solapas a su madre.

Ful del atancante no es penal, referí!)
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El reflejo de un reflejo


París, 1881. Edgar Degas finalmente se decide a exponer su “Pequeña bailarina de 14 años”. Algunas reacciones al ver a la muchachita: “eso no es una niña, parece un mono”, “esa criatura parece una prostituta”. Poco importa que fuese de cera: para nuestro menester la escultura era una niña cada vez que alguien así la llamaba. Aunque en la caja vidriada el escultor hubiese puesto a la mismísima Marie que se dice que lo inspirara (2), lo que en ella se reflejaba nada decía de lo que ella era. Aquel reflejo apenas era una pista de lo que en la niña agitaba a aquellos espectadores. En otras palabras: he allí el reflejo de un reflejo (3).



Entonces, ¿¿¿¿¿¿qué es un niño????????...


Estoy en pido, canté. Me extendí más de la cuenta. En el próximo contacto compactaremos renglones y haremos como Dady Brieva (4): los niños nos hablarán de ellos, es decir de la teoría de los conjuntos. Cuántos recuerdos.


Guillermo Cabado





(1) sugiero leer “El estadio del espejo como formador de la función del yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” (de Jacques Lacan, “Escritos I”)

(2) en el París de 1880 era habitual que los padres de las niñas bailarinas favoreciesen que las mismas se prostituyesen con el calificado público masculino que concurría como espectador del Ballet. No todas podían pasar a ser bailarinas destacadas con buena paga.











(3) Sobre este punto sugiero visitar las películas “Vértigo” de Hitchcok y "El tiempo" de Kim ki duk. Y si les queda tiempo el placer de ver componer con reflejos: “Playtime”, de Jacques Tati. En particular el inglés y el francés. dos nenes de aquéllos.
Si hay aquí algún psicoanalista leyendo, le sugiero ver el film de Hitchcok y el de Kim Ki Duk con la “Observación sobre el informe de Daniel Lagache” (Escritos II, J.Lacan) y las primeras 5 clases del seminario 10 de J. Lacan, La angustia, en la valiosa traducción de Ricardo Rodríguez Ponte, a mano. Agrego a este posible recorrido la primer parte del libro de Slavoj Zizek, “Porque no saben lo que hacen”, en particular en lo que concierne al planteo hegeliano de la inversión de la inversión
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(4) Referencia de época: en el 2005, época de escritura de este material, estaba muy presente el efecto producido por el programa de TV "Agrandadytos", en el que Dady Brieva conversaba con niños.

Thursday, August 27, 2015

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- 4 -


DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK

(¿HAY TEATRO PARA CHICOS?)



Nro. tres de la serie



¿QUÉ ES UN NIÑO?

(¿Qué ves?, ¿qué ves cuando me ves?)



(dibujo sin ninguna relación con pacientes, obtenido de internet)



"¡¿No hay un ente regulador para el teatro?!.
Ayer llevé a mis hijos a ver "Dedos en el espejo" .
Dicen malas palabras y hasta se mata a un personaje en escena.
¡¡Son unos pelotudos!!"

(llamado de un espectador de dicha obra...ups:
escrita y dirigida por mí,
a Fernando Peña en el "Parkímetro") (*)







Una de Hansel y Gretel



En el último correo intenté articular una cuestión fundamental: por la puerta de "los modos de ser de un niño" no se accede a ninguna verdad sobre lo que el niño es.






Luego fue que desembocáramos en el punto en el que a veces se ubica a un chico: como el soporte del reflejo de un reflejo. Acaso en eso haya podido entreverse el problema: hablando de un niño, de lo que es, de lo que le hace bien y lo que mal le hace, de la verdad del niño suele quedar... nada.




Reducido a un partenaire, a un soporte contra el cual ajustar la imagen de los propios mitos (1) (referencia para aquellos que se interesen en los problemas de la clínica).



Decir que sobre aquella bailarina-niña de Degas no había más que el reflejo de un reflejo no es solamente ubicar en las palabras de aquellos opinadores el extravío de algún acceso posible a "lo niño" (no atribuible ni a la época ni siquiera a que aquel cuerpo fuese de cera).




También es un alerta para no precipitarnos en creer que por distinguir allí un reflejo hemos de saber algo sobre el adulto "reflejado": si giramos la cabeza, en el otro extremo no encontramos ninguna fuente de origen, no llegamos a ningún original objetivable, a ninguna verdad consistente respecto de lo que nuestro adulto de turno es. Apenas allí una pista, una miguita a lo Hansel y Gretel, que acaso el opinador, y sólo él, podrá aprovechar para preguntarse sobre lo que lo agita y lo pone a hablar de niños. Se vislumbra en esto las razones por las que inicié esta serie con lo que denominé el cero de la misma en el primer correo enviado (aquello de la noticia sobre un dedo cortado). En definitiva lo que está en el tapete es dónde nos paramos ante estos juegos de reflejos.





El mágico mundo de "ZZ"


¿Tendremos mejor suerte cediéndole la palabra a los niños?. En definitiva se supone que ellos habrían de estar en contacto directo con su cosa.
Hubo una vez, hace tiempo, una niña de 5 años que llamaré "ZZ". La mamá la trajo a mi consultorio porque la nena "era la piel de Judas". La trajo no sin que en la escuela le hubiesen dicho "haga algo con ZZ porque se comporta de tal y tal manera" . Frase que la mamá escucho así: "haga algo con ZZ porque es la piel de Judas". Estando en entrevistas con la nena cierta vez me puse a hacer cosas de mago. Obsérvese qué fácil: tomé una tapita de boligoma, nada por aquí, nada por allá. Pasé la mano junto a mi boca e, imperceptible, escondí allí la tapa. Mostré luego la mano vacía. "ZZ" con sus ojos maravillados aplaudió: "¡hacelo de vuelta!". Repití el truco. Esta vez "ZZ" no aplaudió: me metió un cachetazo que me hizo escupir la tapa.

Poner la otra oreja

Llegado ese punto se abrieron entonces tres posibles caminos: a) embocarla (dícese del golpe que se le aplica al otro siguiendo la ley del Talión); b) apresurarme a concluir qué es un niño (al menos esta niña): "esto demuestra que es la piel de Judas; seguramente no le ponen límites o seguramente cuando era chica , más chica que ahora, algo la traumatizó y bla, bla"; c) soportar no saber, abrir la oreja a lo que la nena pudiera decir con el tránsito del tiempo, y aún otra vez más soportar no saber: no saber si voy a poder saber algo sobre esa niña.
Bien, dado esa encrucijada de caminos me apuro a decir que el primero no fue una opción (¡Freud me libre y guarde!). De hecho estaba muy deprimido recordando aquel día cuando, teniendo yo 10 años, reuní a mi familia para hacer el truco de desaparición del salero. Aquél salerito era frágil, el bolsillo donde debía deslizarlo con mi pase de magia  no se abrió suficientemente... Mi carrera de mago terminó allí mismo desparramada junto con la sal y los fragmentos de vidrio (2) (llamada que conviene no soslayar)

Cuando el camino es "c", dar la palabra al niño, sucede lo que suele suceder cada vez que alguien es invitado a hablar de sí. Un fenómeno que nos arroja a extrañas aguas: ningún río de chocolate, hablo de la teoría de los conjuntos.

¿¿¿Eh???.

En el próximo correo intentaré explicarme cruzando a "ZZ" con el otro tigre de Borges. Sin rencores.

Guillermo Cabado



(*) La nota con Peña: http://cabado.blogspot.com/2007_10_01_archive.html


(1) comentario para aquéllos que se interesen en teoría psicoanalítica: esa función de soporte para el ajuste la entiendo análoga al ramillete del segundo esquema óptico de "Observación sobre el informe de Daniel Lagache". En tanto en el tercer esquema hallado en ese escrito podremos articular la idea del "reflejo del reflejo" con la subjetivación de esa bifurcación de reflejos así como también una reflexión sobre lo que hace y lo que no hace un psicoanalista (cuestiones que en algunas prácticas se olvida, por ejemplo cuando se convoca a la novia de un paciente para verificar si es tan bruja chupasangre como él la padece y la pinta: "tiene usted razón señor paciente, ¡¡su novia es flor de ramillete!!"... acotación que vale también para la clínica con niños). Por último: en el seminario 10 (imprescindible hacerlo a través de la traducción de Ricardo Rodríguez Ponte) podrán encontrar el abordaje de eso que se pierde en el juego de reflejos: "el cuerpo original", ya no limitado a un jarrón escondido a la vista, sino vinculado con aquello que ausentándose del espejo en él se presentifica. Propongo esta imagen: eso que se vislumbra en el reflejo del espejo como el eco de lo que nos agita. Apenas una metáfora apoyada en el hecho de que al eco, como al Drácula de Christopher Lee, no hay modo de reflejarlo. En fin, una puerta para pensar la angustia (que no es precisamente el miedo a los vampiros...)

(2) ¿No se presiente en este recuerdo la mesa servida para engolosinarnos con la idea de trauma infantil?. ¿No hay allí uno de esos clásicos trozos biográficos que llevan a algunos a imaginar que un hecho vivido tiene el poder de un titiritero? (¡al punto de poder hacer por sí solo que de grandes, por caso, practiquemos el psicoanálisis para, a falta de saleros, reparar personas y que además insistamos con los escenarios y los abucheos!).
Pues si lo presienten levanten la mesa porque abajo de ella está la pasión por volver causa necesaria a cualquier hecho contingente. Vale aquí aquel apólogo que le escuché cierta vez a Jorge Chamorro: "ojo, no porque pasase el colectivo 60 justo cuando se largó a llover, uno va a andar diciendo por ahí que la línea 60 es causa de lluvia".





(planta de luces de la obra "Dedos en el espejo", en la puesta que realizara en "El club del bufón" en el año 2004)



















Sunday, August 23, 2015


  

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DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK 

.Nro. cuatro de la serie
(escrita en 2005) 

"¿QUÉ ES UN NIÑO?"


AMÉLIE, ZZ, PIZARNIK: 
EL ABISMO DE LAS NIÑAS



"...En su mundo no hay nombres 
ni pasado ni porvernir
                                                                                    sólo un instante cierto"
                                    
  ("El otro tigre", en "El hacedor", 
Jorge L. Borges)





Amélie (o: una niña extraviada entre el efecto y la causa)

Amélie Poulain tiene los ojos grandes y un padre médico de estetoscopio frío y manos tibias. Viven en una película de Jean Pierre Jeunet entre calles empedradas por causas y azares. 

En su rutina anual de revisión clínica, papá escucha un tum... tuc tum donde no debería: en el mismísimo pecho de su niña. Une bévue, un traspié del corazón. Un trastabilleo que de preocupante se hace signo. Y el que busca encuentra: "disfunción cardíaca". El doctor Poulain nombra una causa donde hay un signo que a él lo inquieta. Entonces lo inquietante se vuelve efecto. 



Lo que papá Raphael no sabe es que ese batir extraño sucede apenas una vez al año, en el único tiempo en que sus manos tocan la piel continente de Amélie Poulain. El resto de los días el músuculo vuelve a su burocracia de sístole diástole sístole. Sólo que ella no sabe. Como todo niño, como todo adulto, es extranjera de sus propios huesos, de su propia tierra. 

De todos modos lo único que cuenta es que en un mes idéntico del girar de rueda, caerá el día de la nueva cita. Tendrá entonces otro turno con las manos de papá.




Felices los niños


Entre la singularidad del sujeto y lo que de ella se logra saber, hay un abismo acaso tan delgado como los intersticios del empedrado. No por delgado ha de ser superable. A veces esa grieta agita. Y la inquietud se hace prisa. 

Prisa por no se sabe qué, porque las cosas funcionen, por lo que sea. Pero existe el asfalto que une las piedras, quelasdejalisas. Que pega causas a efectos en superficies sin arritmias. Así el hombre puede correr feliz. ¿Por qué corre?. Porque un rugido lo abisma.




Corre "ZZ" corre


Hay quien podría atribuir la persistencia de la grieta a vaya a saber qué torpeza adulta. En esa línea la última vez nos preguntamos: ¿tendremos mejor suerte cediéndole la palabra a los niños? (1). Fue entonces que nos topamos con el cachetazo de ZZ. 

No es mi objetivo aquí hablar de un "caso clínico", apenas de una experiencia que esboce un camino que ayude a pensar sobre aquella grieta rugiente. Decidí por eso en un post aparte (2) pintar una pequeña acuarela de lo que recorrimos en el consultorio con la niña de 5 años, y en este cuerpo central servirme de algo básico de la lógica de los conjuntos para balizar una vivencia que no por poco perceptible es menos cotidiana.




N= {a, b, c, d}; donde ZZ=N   

(o bien: ¿¿lo qué??)

Les traeré recuerdos de escuela y no hagan puchero: si tenemos la suerte de que un niño se ponga a hablar de sí (como de hecho lo hizo "ZZ" a lo largo de las entrevistas, a veces con juegos, a veces con dibujos, siempre en lo simbólico) cada pista que vaya surgiendo bien podría servir para desembocar en una definición del conjunto "NIÑO". 

Ya sea por intensión (en una definición universal que las sintetice y las represente) o por extensión (una enumeración de todas las repuestas que el mismo niño se ha dado, tomándolas como elementos que lo definen). En definitiva, eso que escribíamos hace un momento como N= {a,b,c,d}.




Ahora bien, los invito a hacer la prueba (¡sin trampearse!): pónganse a hablar de sí, en particular en situaciones donde algo los apremia lo suficiente como para estar interesados en semejante tarea. Más tarde o más temprano, en medio de inconsistencias y contradicciones, nada de lo que digan logrará ser suficiente para representarse, para auto-atraparse. 


Es una experiencia análoga a la que hace Borges en su poema con el tigre. Sus palabras intentan echarle el guante a la esencia de la cosa. En el entre-hilo de sus versos se dibuja esa vivencia que a cada hablante ha de resultarle familiar a poco de que se detenga a escuchar-se: la extraña sensación que sobreviene cuando en el afán de nombrar, una y otra vez la palabra falla. Nombro y descubro que no digo lo que quiero decir. Uf, no, no es ese tigre al que me refiero. Es otro.




El niño, un extranjero de su niñez


Así la definición de niño, aún puesta en manos del mismísimo chico, supuesto ciudadano en contacto directo con la tierra de la infancia, sufre de aquel verso serratiano: "cuanto más voy pa’ allá, más lejos queda"

Por más adjetivos, descripciones, acotaciones, restricciones, elementos que sigamos incluyendo en la definición de niño: e, f, g, h... 

¿Estamos condenados a la máxima catalana?. 

No. No si partimos de la aceptación de que producir la pregunta que nos ocupa, ¿qué es un niño?, es iniciar el bordeo de un vacío, de una verdad que se escabulle. 

Un bordeo como el de la circunstancia del tigre que Borges intenta aprehender en su poema. Lo que del animal logra alcanzar se alcanza por el fracaso: ahí mismo cuando se nos esfuma de la punta de la lengua, ese tigre está más presente que nunca jamás. 




Niño en el vacío

El fracaso anticipado de la respuesta al "¿qué es un niño?" no debiera impedir que hacia ella nos dirijamos, aún a sabiendas de que cuando le echemos el guante se nos escabullirá entre los dedos (3).

Esa persecusión lejos de dejarnos en un impasse, no sólo nos contactará con eso que intentamos nombrar cuando decimos "niño" sino que lo hará echando luz sobre uno de los enigmas más agobiantes de la infancia escolarizada: "todo conjunto incluye entre sus elementos al conjunto vacío".


En el próximo post, entrando ya en la segunda mitad de este recorrido, presentaremos un adminículo muy útil para cuando llueve vacío: el parachicos. 
Traigan bota de goma. 
Y el que no se acordó, se embroma. 

Hasta entonces


Lic. Guillermo Cabado



(con excepción de la imagen de Amelie, extraída de la película homónima, las fotos utilizadas pertenecen a los artistas Loretta Lux y Takahito Iguchi, y responden a mi gusto al por qué la aún ausente "Pizarnik" completa el tríptico del título)


(1) Para ver toda la secuencia previa de esta serie, clic en: http://rumorosa.blogspot.com.ar/search/label/QU%C3%89%20ES%20UN%20NI%C3%91O

(2) Para ver la viñeta clínica sobre ZZ: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/08/complemento-al-nro-4-de-la-serie-que-es.html

(3) En definitiva de eso trataba nuestra obra, "Dedos en el espejo", que suscitara aquel diálogo de la oyente con Fernando Peña y posterior nota de éste.




Friday, August 23, 2013


VARIACIONES SOBRE YAYOI KUSAMA - (parte II)


Yayoi Kusama, ¿es parachicos?


¡Mamá!!!, ¡¡ella no tiene pito!! - grita aterrorizado 
el hermano del medio respecto de su hermanita menor. 
Su hermano apenas mayor que él lo tranquiliza:
- "no te preocupes, ya le va a crecer"
(anécdota alguna vez oída)

Dicen que en cierta ocasión Oscar Masotta, 

sosteniendo una dirección muy diferente a la del rancio machismo 
se preguntaba respecto a la observación freudiana sobre la creencia infantil:
"¿por qué la premisa universal del falo 
y no, por ejemplo, la premisa universal del culo?"



"Ayer fui a ver la muestra de Kusama en el MALBA", dice una locutora en un programa radial. Y remata: "a pesar de lo que se dice, esa muestra no es para chicos. Está llena de falos. ¿Cómo le explicás eso a un niño de 7 o 10 años?".

Sin dudas esa mamá no tiene por qué saber que desde que Freud entró en el siglo XX no hay mundo de niños sin falo (1). Pero acaso sin saberlo lo sepa. Al fin y al cabo no nació adulta.





Pero a juzgar por la pregunta final de la mamá, en su planteo previo ("esa muestra no es para chicos") acaso haya que leer esto: "esa muestra no es para estar con chicos".

El deslizamiento nos enfrenta a un clásico del parachicos:

* el niño mira la obra (cine, teatro, plástica).

* El adulto mira al niño mirar. 

* Alguien comienza a inquietarse: el adulto.
(luego podrá concluirse por qué escribo parachicos como quien escribe paragolpes)

Pero hay algo más: no importa cuál sea el contenido de la respuesta que esa mamá querría o podría dar. Porque ya está claro desde dónde la dará: desde la explicación.

Y ése es todo el problema...    



"¿Qué quiere quien me tiene que querer?"

Corría marzo de 1957. Lacan se decide al fin a abordar el único de los grandes "historiales clínicos" de Freud que aún no había tocado: el de aquel niño llamado Hans, que no necesitó de Yayoi Kusama para vérselas con el falo (2). Pero...

Justo antes de meterse con Hans, Lacan reabre un expediente del año anterior, tiempo en el que había puesto su foco en la psicosis: "¿qué es un padre?".

Y si leemos la lógica de su planteo con un poco de atención veremos que un padre no es el señor con pito que el niño llama papá (aunque no se excluye).

Un padre es cualquiera que el niño ponga a responder, cuando se trata de la pregunta crucial. Permítanme escribirla como a mí me sale: 
"¿qué quiere quien me tiene que querer?"(3).

Hay tantísimas preguntas que bien pueden traducirse en ésa única. 
(también la pregunta que hace transpirar a esa mamá por anticipado: 
"¿qué pensás de esa cosa que tanto aparece entre los lunares de Kusama, ma?")



Un naufragio de boyas erectas en un mar de explicaciones

Ahora bien, justo en ese punto Lacan hace un distingo que yo aquí voy a resumir de un modo que espero no resulte muy "guaso":

- no es lo mismo que quien responda pretenda hacerlo con garantía de respaldo (o sea: que su respuesta pretenda sostenerse en un orden asegurador, ese paraguas bajo el que me amparo cuando no estoy seguro de lo que debo responder, un orden que garantizaría que lo que digo sea entendido y aceptado por el otro....)

- que cuando quien responde lo hace sin necesidad de apoyarse en esa garantía. Y no por soberbia, sino porque sabe que es inevitable al responder, al decir "esto sí" o "esto no", que haya en eso una arbitrariedad que no se eliminará por ampararse en el supuesto orden de cómo-son-realmente-las-cosas (eso que suele manifestarse en un "¿me entendés que es así el orden del mundo y no una ocurrencia mía?").


El primero es el que hipoteca su respuesta al ponerse explicativo. Tanto que sus argumentos podrían resultar un naufragio de boyas erectas en un mar de explicaciones.. 

El segundo cuando responde deja una resonancia (no se trata de lo que dice, sino de lo que en lo que dice reverbera). Una reverberancia que suena más o menos así: "lo digo yo. Punto".

Un punto a veces evita un océano de lunares. Y el naufragio. 


Lic Guillermo Cabado

(la parte III será un cruce entre la red significante lacaniana, la teoría de la formación del valor en Marx y algunas imágenes de la obra de Yayoi)

(Para ver la parte I de esta serie: CLIC)


(1) "Ah, claro, ¿y antes de Freud qué había?. ¿El falo aparece porque Freud lo escribe?". Invento un posible interlocutor para esbozar un asunto que escapa a este recorte de hoy: ¿el psicoanálisis describe lo ya existente o habla de lo que su mismo dispositivo produce?. Lo cual nos lleva a otra cuestión: ¿el caso Hans es el caso de ese niño que Freud supo conocer de antemano o es el caso de un papá hablándole a Freud y usando el término "Hans"?. Uf, qué ruido hace la palabra "caso"...

(2) con el tiempo se conoció el verdadero nombre del pequeño Hans: Herbert Graf. Y con él su devenir artístico: http://vestirlaopera.wordpress.com/entrevista-a-herbert-graf/


(3) ¿A la diferencia que hay entre lo que quiere y su quererme podríamos llamarla deseo?.
Alguien me ha preguntado sobre ese "tiene que quererme": apunto a una cuestión de estructura, a lo que por estructura se hace necesario. Eso permite desplazar el eje del embrollo de si la mamá tal o cual necesariamente tiene que querer a un hijo. Asunto siempre contingente. Hablamos de un lugar antes que de tal o cual persona.



Sunday, August 12, 2012


Complemento al nro 4 de la serie "¿QUÉ ES UN NIÑO?"


ACUARELA SOBRE “ZZ”


La música, los estados de felicidad, la mitología,
las caras trabajadas por el tiempo,
 ciertos crepúsculos y ciertos lugares
    quieren decirnos algo,
 o algo dijeron que no hubiéramos debido perder,                                                                                                                                                    o están por decir algo;
                                                 esta inminencia de una revelación que no se produce
                                         es, quizá, el hecho estético.

 (“La muralla y los libros” en “Otras inquisiciones”, Jorge L. Borges) 







No me pegues, soy Cabado

Tic. Alguien enciende el reloj. Tac tic tac tic tac. Estamos en la prisa. Tic. Ahora “ZZ” con sus cinco años está sentada frente a mí. Tac. La mamá no puede esperar. Tic. “No la soporto”, me dijo en la primer entrevista. Tac. En ello un pedido: “haga que deje de ser la piel de Judas”. Tic tac. “¿Por qué ahora y no antes?”, dije. Tic. Mi pregunta pareció caer en el vacío. Tac. 

“ZZ” juega. Habla poquito (según vaya a saber qué medidor de cantidad). Y dibuja. Cada tanto algo se repite: personajes cubiertos con sábanas. Tic. “¿Qué son?”. Pregunta la mía poco ajustada a sus prisas. Se impacienta: “¿y qué van a ser?, ¡fantasmas!”. Toc. Y, sí. “¿Pero qué onda los fantasmas?”. Tac. “ZZ” me mira y mirándome ve cómo me ocupo de obviedades. Tic tac. 




En este clima de prisas ajenas ella no tiene apuro. Tic, tac. Más: ser-la-piel-de-Judas para ella no representa un problema. Tic. Sí para la mamá. Tac. Acaso para la escuela, tic, por lo que en la convivencia en la sala produce. Tac. “ZZ” al fin responde: “son fantasmas”. Tic. “A ver si se parecen a los que imagino: ¿cómo son estos fantasmas?” (y en ello rompo el diccionario y sus significados-para-todos). Responde: “sábanas con algo escondido”. Tac. Y se calla. Tic, tac, tic, tac. 

Un día sucede aquel truco de magia del que hablé en un post anterior (1). Y su cachetazo. Tuc. Pasa el tiempo y los encuentros. “Mi mamá se aburre en casa”. Tac. “Por eso me reta”. Tic. “¿Por qué me lo contás?” . Tac. “Porque no me gusta que me grite”. “¿Por qué?”, otra obviedad de mi parte, pero ella se ha acostumbrado a este reino del revés que es el consultorio, donde las preguntas son sobre lo que todo-el-mundo-ya-se-lo-sabe-de-sobra. Y responde: “...el ruido que hace la voz”. No me apuro pero no cedo: “o sea...”. Se encoge de hombros: “eso”. Tic, tac. “¿Cómo es Eso?”. Tic, tac, tic. “¡No me sale el ruido ése!”. Tac. Espero. 




Tic. “¿Y qué te pasa cuando suena el ruido?”. Se tapa los oídos y dibuja otra vez fantasmas. Repaso mi lección, en voz alta: “algo esconden”. “Callate tonto”, me dice. Ups. Rompe el dibujo. Tic, tac, tic.

Así pasan nuestros encuentros. Con “ZZ” vamos “descubriendo” sobre ella: que del reto joroba el grito, que la mamá reta porque se aburre, que no es tan claro que reto y aburrirse vayan juntos pero bueh, no se le ocurre otra explicación... 

También descubrimos cómo “le jode” que le hablen los papás. Y que le jode “porque me dicen mentiras” (empieza a resonar aquel cachetazo en mi mejilla después de que le hiciera magia escondiendo la tapita en mi boca). Vamos haciendo equilibrio por un hilo de vacío. 




Y en ese fino camino van cayendo miguitas de verdad sobre “ZZ”: a, b, c, d, e... “ZZ” habla sobre ella y trata de explicarse sin proponérselo. Y si bien descubre cosas una y otra vez algo le queda más allá del espejo.

Se ha armado entonces a lo largo de este tiempo una extraña experiencia: las miguitas que van cayendo dicen cosas concretas sobre ella pero... (shh, detengamos nuestra pasión interpretativa de elefantes en el bazar...) una y otra vez las miguitas terminan diciendo otra cosa que lo que pretenden decir,

o parecen haber dicho algo que no hubiéramos debido perder, 

o lucen prontas a decir pero no aún...

Esa inminencia de una revelación que no se produce es, quizá, el lugar de encuentro con la verdad del sujeto. Esa extranjería en su propio cuerpo. 




Del resto que se nos escabulle en la grieta, de eso se trata. 

Porque lo he dicho lo vuelvo a decir: en ese fracaso (2), en ese vacío, algo se alcanza. Nada más. Nada menos.


 Guillermo Cabado


Nota sobre el cachetazo: con el tiempo ese "ocultamiento" en el que mi truco de magia se transformó a partir de entrar para ZZ en la serie de los padres, se empezó a jugar en el lazo entre éstos y el analista. Pero ésa ya es otra historia y otro discurso, aunque padres y niña vivieran bajo el mismo techo.


(Las imágenes pertenecen a la artista Loretta Lux)

(1) Ver: http://rumorosa.blogspot.com.ar/2012/07/4-desarrollos-para-el-grupo-de.html

(2) Hacia esto nos dirigiremos en el nro 5 de esta serie



Thursday, July 19, 2012


3 - Desarrollos para el grupo de analistas en formación
del Centro Dos

-3-

DE TIM BURTON A ALEJANDRA PIZARNIK 
(¿HAY CINE o TEATRO PARA CHICOS?)

.Nro. dos de la serie
(escrita en 2005) 


"¿QUÉ ES UN NIÑO?"
(o "EL REFLEJO OSCURO DE LA LUNA")




..
“En esta película que es la novela de Dahl,
la culpa es, como siempre, de los padres.
Padres monstruosos tienen hijos monstruosos”

(comentario sobre la película de Burton, "Charlie y la fábrica...",
de Gustavo Noriega en la revista “El amante del cine”)


.¿El niño es un reflejo de la madre que lo parió?

Entre los comentarios recibidos después del nro 1 de esta serie (gracias por ellos) se introdujo una palabra que, con el permiso ya concedido por su emisor, tomaré como eslabón para continuar. Decía el correo respecto de "Charlie y la fábrica de chocolate": “en definitiva esos chicos son un reflejo... de sus padres” (por ejemplo: el alemancito voraz del afiche con que abrimos este comentario y sus “contagiosos” padres voraces).

Me permití aquí intervenir aquella frase original subrayando la palabra "reflejo" e introduciendo luego tres puntos suspensivos. Como quien hace espacio, en esos puntos cabe un gesto: el que suele sobrevenir tras el momento en el que uno se topa con un reflejo inesperado:sobre un vidrio. Me refiero al simple gesto de voltear la cabeza en busca del origen de tal reflejo.

(fotograma de la vieja película "La sociedad de los poetas muertos",  
extraído de lo que juzgo es su escena clave, generalmente desatendida en los comentarios que se hicieran sobre el film: la escena de las fotos de los alumnos de antaño y los nuevos, reflejados sobre el vidrio)


Con esos puntos suspensivos la idea de que el niño sería un reflejo de toma otro color. Es que el dichoso giro de cabeza en busca del original reflejado deja de ser un mero asunto muscular para resultar la encarnación de la pregunta por el origen de, por la fuente de, por la causa de ese niño, supuesto reflejo.

Es ésa la pregunta que merodea las escuelas, los consultorios y las alcobas a la hora en que los padres se angustian por ciertas conductas de los hijos: "¿qué es lo que hace que un niño sea el niño que es?".

En esa metáfora del reflejo un riesgo acecha: pensar a los chicos como una especie de fotocopia, marioneta, o escultura parida por un amo y su mano. Idea que suele aparecer en frases como: "¡pero qué querés!: con semejante madre, ¿qué se puede esperar del hijo?...".


Dime qué padres tienes...

 
A pesar de la tentación del juego de las similitudes, los niños de la fábrica de Willy Wonka, como todos los niños, no son  en "sí mismos" un reflejo. Apenas personas, que viven su vida, sin perjuicio de que sobre sus cuerpos en ocasiones se formen reflejos de sus padres.
 

Conviene no confundir el reflejo con su soporte ocasional. La clínica psicoanalítica nos enseña que el hecho de que una niña hable "igual" que su madre no autoriza a creer que entre ellas haya alguna continuidad del ser ("de tal palo...").  

Pero aún así una pregunta se impone: ¿esos chicos son pasivos objetos reflectores... o de algún modo "eligen"trabajar de espejo? (acaso sea ésta la profesión auténticamente más antigua del mundo).(1)

No me haré el distraído: en todo este asunto un fantasma agita su sábana. Se trata de cierta teoría que algunas erradas lecturas hechas sobre los planteos freudianos contribuyeron a robustecer: "dime qué padres tienes y te diré por qué eres como eres". De allí a imaginar "Escuelas para Padres", hubo apenas un paso... (por prevenir, ¿vio?... ¡es que uno nunca sabe...!).


“¡Suéltame, pasado!”

En cualquier caso, no se trata de negar una obviedad: todo sujeto recibe influencias de otros y, en general, especialmente de los padres. No da lo mismo la biografía. Pero que no dé lo mismo no la convierte en causa de. No es el niño una escultura que va siendo moldeada por los episodios de su vida. Por más pequeño y dependiente que él sea, por más manipuladores o influyentes que los otros se tornen con él. Por cierto, esta idea es tan pregnante en ciertos modos de pensar un "tratamiento psicológico", que suele verse la siguiente escena:
.
“¡Suéltame pasado!”,
grita un adulto
 mientras toma de las solapas a su padre.
E inmediatamente el padre, futbolero, interpela al psicólogo de turno, convocado a juez:
Ful del atancante no es penal, referí!"
 
.(Alicia Liddell, musa inspiradora para Charles Dodgson, más conocido por Lewis Carroll;
 fotografiada por él mismo)


El reflejo de un reflejo


París, 1881. Edgar Degas finalmente se decide a exponer su “Pequeña bailarina de 14 años”.


Algunas reacciones al ver a la muchachita: “eso no es una niña, parece un mono”, “esa criatura parece una prostituta”.

Poco importa que aquella bailarina fuese de cera: para nuestro menester la escultura era una niña cada vez que alguien así la llamaba.

Aunque en la caja vidriada el escultor hubiese puesto a la mismísima Marie que parece que fue la modelo original en el que se inspiró (2), lo que en ella se reflejaba... nada decía de lo que ella era.

Más bien aquel reflejo apenas era una pista de lo que en el lugar de la niña agitaba a aquellos espectadores. Allí, sobre la niña, un reflejo de algo que aquí, en el adulto, no es el  "original proyectado (¡!) sobre la pobre criatura" (por ejemplo: "la ansiedad materna")... sino apenas una pista, un reflejo de cierto "no sé qué" que en el adulto se agita sin poder ser atrapado por ninguna explicación como "la ansiedad materna".

En otras palabras: he allí, en la niña, el reflejo de... un reflejo (3).

Luego: ¿qué era ese no sé qué agitándose en ciertos adultos, al punto de provocar aquel juego de reflejos?. Otra vez: ninguna explicación del tipo "tenían la cabeza podrida y por eso proyectaban en la niña", está a la altura de ese no sé qué.:


(video no visible en la versión por mail) 

Bien, pero entonces... ¿¿¿qué es un niño???.


Estoy en pido, canté. Me extendí más de la cuenta. En el próximo contacto compactaremos renglones y haremos como Dady Brieva y sus agrandadytos (4): los niños nos hablarán de ellos, es decir: de la teoría de los conjuntos. Cuántos recuerdos.


Lic Guillermo Cabado




(1) Entrecomillar el "eligen" es suficiente para advertir que es necesario problematizar el alcance de esa palabra. Vean en las comillas asomarse la cuestion del haftbarkeit pulsional que Lacan extrae de "Tres ensayos..." de Freud para destacar que ese término alemán indica no sólo perseverancia sino también responsabilidad subjetiva, cuestión fundamental para no hacer del sujeto del inconciente ni un "Yo oculto detrás del Yo visible" ni tampoco una hojita al viento que por no ser culpable tampoco es responsable de su posicionamiento en el deseo. 
Respecto de la profesión más antigua, la de los espejos, sugiero leer “El estadio del espejo como formador de la función del yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica” (de Jacques Lacan, “Escritos I”)

(2) En el París de 1880 era habitual que los padres de las niñas bailarinas favoreciesen que las mismas se prostituyesen con el calificado público masculino que concurría como espectador del Ballet. No todas podían pasar a ser bailarinas destacadas con buena paga.

(3) Sobre este punto sugiero visitar las películas “Vértigo” de Hitchcok y "El tiempo" de Kim ki duk. Y si les queda tiempo el placer de ver componer con reflejos: “Playtime”, de Jacques Tati. (unos nenes de aquéllos).Si hay aquí algún psicoanalista leyendo, le sugiero ver el film de Hitchcok y el de Kim Ki Duk con la “Observación sobre el informe de Daniel Lagache” (Escritos II, J.Lacan) y las primeras 5 clases del seminario 10 de J. Lacan, La angustia, en la valiosa traducción de Ricardo Rodríguez Ponte, a mano. Agrego a este posible recorrido la primer parte del libro de Slavoj Zizek, “Porque no saben lo que hacen”, en particular en lo que concierne al planteo hegeliano de la inversión de la inversión.

(4) Referencia de época: en el 2005, época de escritura de este material, estaba muy presente el efecto producido por el programa de TV "Agrandadytos", en el que Dady Brieva conversaba con niños.